Antonio Canales

Trianero

Trianero

© Óscar Romero / La Bienal de Flamenco

Charlaba anoche, tras el espectáculo, con un amigo bailaor de como habíamos conocido cada uno a Antonio Canales. Resulta que para muchos, que no hemos tenido ni cuna ni escuela flamenca, Canales fue en una época junto a Joaquín Cortés el referente mundial de este baile que es el nuestro. Evidentemente en el momento en que te interesabas por rascar un poco la superficie, la comparación entre uno y otro se esfumaba como el humo. Canales era un grande. grande de verdad. Había bailado con todos los maestros de renombre internacional y proponía algo que muy pocos había hecho hasta su aparición, una linea dramática vertebrada y coherente.

Pues bien, quitando una colaboración con Arcángel hace un par de años, un servidor no había tenido la fortuna de ver a Canales bailar todavía. Así es la vida, era uno de los grandes nombres que me faltaban por disfrutar. Me había bebido muchas horas de vídeo hasta verlo ayer al fin en directo.

Y tengo que decir que me alegro muchísimo de que la vida sea así de caprichosa y de precisa. Que tu primera vez con Canales sea con "Trianero" es un lujo. Es empezar a ver a Antonio justo en el momento en que nos cuenta quien es y de donde viene. Y es que eso es lo que hizo anoche el bailaor. Se fue a Triana, a un corral de la calle Castilla a enseñarnos de donde sale su esencia, su baile. Y lo hizo rodeado de los suyos, de la gente del arrabal que canta y baila desde que se construyese el Puente de barcas.

Pero Antonio quiso mostrar a Triana sin la cara maquillada, sin las macetas llenas de flores y sin las luces de la Velá. Quiso que los años setenta y ochenta estuviesen presentes, que imaginásemos portales apuntalados, fachadas derruidas y especulación inmobiliaria. Se presentó en un corral invadido por los andamios y una montaña de arena de construcción. Y allí bailó y bailó.

Bailó plantando cara a los señoritos por seguiriyas, bailó por dos mendrugos de pan que repartió con los vecinos del corral, bailó por fiesta en una noche de borrachera, bailó por sevillanas en la feria y bailó en un circulo de villancicos a compás. Antonio contó Triana bailando, y bailando muy bien.

Por si fuera poco, no solo contó sino que reivindicó y tuvo los arrestos de hacer justicia, me explico.El espectáculo que propuso Canales trajo al Lope de Vega lo que Bienal suele arrinconar en el Hotel Triana. Canales subió al teatro de Sevilla a los cantaores que sostienen la esencia del barrio que al flamenco sevillano le da fama y solera. Y trajo a las tablas a su madre Pastora, a que nos cantase por sevillanas y se bailase una letra con su hijo, a que nos cantase por bulerías y que nos sacase las lagrimas a todos.

Y sobre todo reivindicó a la colosal Carmen Ledesma, que atesora en su baile tanta sabiduría y tanta verdad, que uno no se explica como no está subida a los altares del flamenco de esta ciudad.

Antonio acabó de rodillas sobre la montaña de tierra que es la tierra de su raíz y en la que ha crecido. El espectáculo es además estéticamente deudor de otro maestro sevillano, este del teatro, Salvador Távora, del que me estuve acordando la hora y media que estuve sentado en el Lope.

Una reivindicación de lo popular, de la normalidad del flamenco, de lo vinculado que este arte ha estado a la gente llana y de la poca importancia que tiene la técnica cuando el corazón está sobre la mesa.

Anoche un servidor, gaditano de nacimiento y de corazón, se sintió orgullosamente sevillano, orgullosamente trianero y orgullosamente cerca de un Antonio Canales capaz de cristalizar toda la bondad y toda la generosidad de un barrio sobre las tablas.


Javier Prieto, le 25/09/2016

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EQUIPE ARTISTIQUEAntonio Canales, Antonio Moya, Carmen Ledesma, David el "Galli", el "Maera", el "Polito", Herminia Borja, LLuis Peña, Mari Peña, Paco Iglesias, Pastora de los Reyes y Pol Vaquero

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