Gerardo Núñez & Flamenco Big Band

Gerardo Nuñez

© Óscar Romero / La Bienal de Flamenco

Como ya hiciese Chano Dominguez con WDR Big Band, o con Wynton Marsalis, o como ocurriese con la Flamenco Big Band de Perico Sambeat, Gerardo Núñez nos ofreció anoche una maridaje perfecto entre nuestra música y la máxima, por numerosa, expresión del jazz.

No es habitual la presencia de la guitarra como solista en compañía de una Big Band, quizás el swing sea el estilo que mas se ha regalado en este sentido y salvando las estratosféricas diferencias, quizás el referente mas reciente de guitarra solista con Big Band sea Brian Setzer.

Gerardo propone una revisión de sus canciones con la Big band de Canarias y con su propio sexteto de flamenco-jazz como acompañamiento. En total 22 personas sobre las tablas. Bueno 21 hombres y una sola mujer, que esto también me pareció llamativo.Hay algo que me ocurre cada vez que tengo que comentar un concierto de guitarra y ayer no fue una excepción. Me quedo un poco en blanco. Todos los guitarristas de renombre están ahí no solo por su capacidad para emocionarnos, sino por ser técnicamente sobresalientes. Un servidor, que no sabe poner los dedos en una guitarra, no se siente cómodo hablando de picados, tremolos y alzapúas, que le voy a hacer. Así que me toca tirar de honestidad y decir que el concierto fue en general una delicia para mis oídos.

Con la fortuna, por ende, de que Gerardo me emociona cuando toca, algo que con otros enormes guitarristas no me ocurre. Pero es que lo de la emoción es algo no solo subjetivo, sino que incluso se transforma y muta con el tiempo.

La mezcla suena a gloria, aunque para que no se me acuse de vago voy a ponerle unos puntitos criticones. La guitarra sonaba muy baja cuando la banda estaba tocando y nos perdimos gran cantidad de matices en los dedos del maestro jerezano. El baile de Carmen Cortés para un servidor no casa con la propuesta que vimos anoche. Carmen baila a las mil maravillas, vaya por delante y estéticamente dotaba de un sentido un poco nostálgico a la propuesta. Pero la cantidad de contratiempos, síncopas y quiebros maravillosos que inventaban los dedos de Gerardo y los pulmones de la Big Band, no terminaban de fusionarse con un baile de trazas mas añejas.

Evidentemente, esto es opinión del que escribe y quizás mi vecino de butaca le haya contado otra película a sus amigos. Pero es que yo no dejaba de imaginar en el centro del escenario a una Rocío Molina, a una Olga Pericet, a un Rafael Estévez o a un Andrés Marín.

Entiendanme, no se trata de los nombres, sino de las formas, de un estilo de baile que creo que liga perfectamente con lo que ayer nos movía los pies y el corazón. Me la juego, por si Gerardo me leyese de rebote y le propongo a Melísa Calero para este enlace.

Por lo demás, el concierto fue un deleite, iría nombrando piano, percusión, batería y contrabajo, pero es que todo el que estuvo sobre las tablas, estuvo de cine. Uno, que es adicto al boligrafo y la libreta durante las actuaciones, guardo los enseres de trabajo en la mochila y se sentó a disfrutar. Sin analizar demasiado, solo asombrándome de como este genio de la guitarra ha armado una propuesta tan deliciosa.


Javier Prieto, le 20/09/2016

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