Ballet Flamenco de Andalucia

Tierra Lorca - Cancionero popular

Tierra Lorca

© Óscar Romero / La Bienal de Flamenco

Rafaela Carrasco se despedía de la Bienal como directora del Ballet Flamenco de Andalucía. Y apostaba por un tema que ha sido una constante en la reciente historia del flamenco, Federico García Lorca. El poeta granadino quedará para siempre no solo como artista inspirado, sino como musa inspiradora para cientos de artistas, una trascendencia que pone de manifiesto la profundidad y el calado de su obra. Lorca grabó con Argentinita el célebre LP "Colección de canciones populares españolas", que vino a vertebrar el espectáculo y la apuesta del Ballet. La Argentinita era la otra gran inspiración del espectáculo, que no solo contó con sus imágenes y su cante, sino que inspiró, al menos en espíritu, la estética coreográfica, en la que pudimos fantasear con "Las calles de Cádiz", "El Café de Chinitas" o "El amor brujo".

Así de complejo y así de sencillo.

Complejo porque recrear y revisar el cancionero conlleva tomar riesgos que pueden no agradar a todo el mundo. La valentía de hacerlo además de en Rafaela, cayó en las manos de Jesús Torres y Juan A. Suárez "Cano". Y se arriesgaron dotando de electrónica a los ritmos en algunos pasajes o pulsando flamencamente letras que no lo eran con la inestimable ayuda de Antonio Campos y "El Pulga".

Y sencillo, porque Rafaela después de estos años al frente del Ballet, tiene armado un grupo que baila como un solo cuerpo, que hacen fáciles coreografías complejísimas. Sencillo porque David Coria y Hugo López son dos bailaores que por si solos se pueden encargar de llevar un espectáculo adelante. Y sencillo sobre todo, y aquí se me van a ver las costuras, porque contar con Ana Morales en tu elenco es como si el viento y el agua estuviesen a tu servicio.

El repaso danzó el "Zorongo Gitano", "Anda Jaleo", "Los cuatro muleros", "El romance de los pelegrinitos", "El Café de Chinitas", "Las morillas de Jaén" y "Sones de Asturias". Cada una de las coreografías colectivas tuvo el sello de Rafaela, quedando en mi paladar una excelente ronda de tangos de Granada, bailados melena al viento por las féminas, que nos llevaron al imaginario romántico de los bailes gitanos del Sacromonte.

De las coreos individuales comentar el trabajo de velocidad y elegancia que Hugo López nos regaló por bulerías, la racialísima Farruca de David Coria, el precioso dúo de Coria y Carrasco con el mantón. Y por encima de la media, por encima del sobresaliente general, la petenera mágica que Ana Morales bailó con bata de cola y que a un servidor le paró el pulso. Ana baila tan fluida y tan natural como un río y es difícil que alguien no se embeba de su cadencia.

El teatro dictó sentencia con diez minutos de aplausos. Yo estuve esos diez minutos en pie aplaudiendo como casi todos. Porque lejos de gustos personales y de posicionamientos baldíos a favor o en contra de tal coreógrafo, hay que reconocerle a Rafaela Carrasco el haber armado un grupo luminoso, con una habilidad notable para transmitir nuestro arte y fusionarlo con el ballet a la manera de Andalucía. Hay que reconocerle, a cada uno de los que se subieron a las tablas, los años de trabajo para estar a un nivel tan superlativo y la pasión que ponen en cada movimiento.

Y que me perdonen Pablo Suarez y Gema Caballero sino me extiendo en el soberbio trabajo que hicieron anoche, pero ayer Rafaela y su Ballet Flamenco de Andalucía se despidieron de la Bienal y al igual que agradecimos a Rubén Olmo, hoy toca agradecerles a ellos por estos años de trabajo bien hecho.


Javier Prieto, le 19/09/2016

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