José Valencia

De Sevilla a Cádiz

De Sevilla a Cadiz

© Óscar Romero / La Bienal de Flamenco

Quien haya leído cualquier cosa que un servidor haya escrito sobre José Valencia ya sabrá la admiración que le profeso. Está junto con Arcángel en mi Olimpo flamenco personal. Y es así no solo por la calidad y el trabajo enorme que acumula, sino porque a día de hoy, habiéndolo escuchado decenas de veces, no solo no ha tenido un día malo, sino que en todas las ocasiones ha estado de notable, como poco. Aquí incluyo fiestas a las seis de la mañana en El Colmao, cantando en un autobús camino de un festival o dando una clase de cante en Mont de Marsans. José Valencia, en mi experiencia, es infalible e inagotable.

Anoche también lo fue, por si alguien duda con el prólogo. No solo lo fue sino que creció en una dirección que me sorprendió. José fue el Lebrijano sin dejar de ser José y eso es muy difícil de conseguir. Para el que no lo sepa el cantaor estaba llamado a protagonizar una revisión del primer LP de Juan Peña, que iba a estar dirigida por el propio Lebrijano. La desgracia quiso que Juan Peña no llegase a dirigir este espectáculo y se fuese antes de tiempo. Y la fortuna quiso que José Valencia y Pedro María Peña siguieran adelante con el proyecto e hiciesen de el espectáculo un excelente homenaje.

Lo que ocurrió sobre las tablas fue que José había tenido el buen tino de elegir un elenco superlativo, y claro, todo sonó a gloria, a pesar de un sonido que, extrañamente en el Lope, no estuvo a la altura.

El recital se abrió como el Lp se cerraba, por romance, concretamente "Por el castillo de Luna", con Pastora Galván bailando sin tacones y con la curva que le conocemos.

FaiÇal Kourrich, amigo y compañero de batallas de Juan Peña, le dedicó un sentido homenaje con el tema "Maestro", violín sobrecogedor sobre imágenes de Lebrija. Requena pulsó las cuerdas por soleá que en su día pulsasen Paco de Lucía y Niño Ricardo, y empezamos a encontrar al Lebrijano en la voz de Valencia. Tientos/tangos, con trazas de "No entiendo este querer" y "Me valgo de mi talento".Y de nuevo Pastora al frente, para dar un descanso a la voz de José y para bailar enorme por alegrías, "Suspiros que de mi salen".

A la vuelta fue Parrilla quien pulsó la sonanta para que el protagonista volviese a las tablas a desgarrarse por seguiriyas, "Maldigo el dinero". Y de ahí al final, José se elevó al cuadrado. Primero bulerías por soleá y para rematar, bulerías de pie y llenando todo el escenario con su voz.

El foco sobre una silla vacía en proscenio hizo el resto, allí sentimos al maestro y allí le cantó José Valencia a palo seco, dejándose el aire que le quedaba.

Que en un lapso de tiempo tan corto se nos hayan marchado Morente, El Torta, Agujetas y El Lebrijano nos deja bastante huérfanos, pero a mi anoche se me planteaba una reflexión. ¿Quienes son los maestros del mañana,? ¿Que muerte nos dejará artisticamente así de sobrecogidos? . Quiero creer que José Valencia está dando los pasos adecuados para que se le de el lugar que le corresponde, por talento, trabajo y entrega. Anoche la luz de esa silla de enea iluminaba al pasado y al presente del cante flamenco de Lebrija y nuestro arte grande llora igual que ríe,muere igual que vive. José Valencia es la sonrisa y la vida y nos toca disfrutarlo en todo su esplendor.


Javier Prieto, le 18/09/2016

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