Antonio El Pipa

Gallardia

© Óscar Romero / La Bienal de Flamenco

Se gustó El Pipa en el Lope de Vega y cuando el jerezano se gusta llega con facilidad a la platea. Presentó un espectáculo "Gallardía" en el que solo el título servía de hilo conductor, un título tan escueto como acertado, porque El Pipa sacó a relucir lo que la gallardía encierra, bailó con bravura, con arrojo, con porte de galán y con una incuestionable presencia.

Lució sus dotes como coreógrafo en un inicio de espectáculo en el que el martinete se apoderó de las tablas mientras las ocho componentes del cuerpo de baile aparecían enlutadas en una delicada amalgama de movimientos, con un fluir de muñecas y manos marca de la casa.Antonio se apareció por levante, arrancando estilizado para ir introduciendo paulatinamente taconeo y jondura. El bailé se terminó de derramar en unos preciosos y precisos tangos en los que el bailaor desatendió momentáneamente a la platea para darse a su grupo y bailar recogido, un placer.

Sin pausa y escoltado por ocho batas de cola desgranó unas extensas alegrías, casi sin tomar aliento. Una demostración de el buen estado de forma que atesora. A modo de transición, Juan José Alba se desligo del toque para atrás y se vino al frente para cantar una suerte de balada aflamencada. También adelante, Felipa del Moreno se lució por fandangos.

Entre bastidores alguien empujaba un piano a escena y cuando el telón se volvió a abrir, sentado al frente estaba David Peña "Dorantes". Primero desgranó el "Gelem Gelem" acompañado por las voces de Carmen Cantarota, Sandra Zarzana y Estefanía Zarzana. La coreografía del Pipa y su cuadro vino a cristalizar ese sentimiento trágico que el himno romaní narra.

Y tras un "Sin Muros" del pianista en solitario, toda la compañía repitió en un "Orobroy" al que El Pipa acudió vestido de etiqueta.El desenlace del espectáculo arribó con una soberbia soleá en la que una brillante Felipa del Moreno y el bailaor se anduvieron buscando por el escenario en un hermoso final.

Antonio El Pipa, conserva su sello, sus maneras de interpretar. Es único conectando con el público y cuando olvida la dramatización y se deja llevar, desprende una sensibilidad sobrecogedora. Su estampa es una de las mas reconocibles del flamenco, es una imagen que cualquiera puede identificar como flamenca en cualquier parte del mundo y eso es mucho, muchísimo.

Sin embarcarse en montajes teatrales saca lo mejor que tiene, y es que su planta teatral es tan pronunciada que tratar de llevar su baile al terreno dramático puede rozar lo excesivo. Con esta "Gallardía" ha acertado, que nadie piense que va a encontrar a un bailaor menos desmesurado, sin exuberancia El Pipa, no sería El Pipa y por supuesto no sería el gran bailaor que es.


Javier Prieto, le 11/09/2016

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